viernes, 29 de junio de 2012

Buscando caídos

Caer de extremista es darle la vuelta al círculo de la idea. Cualquier imagen, cualquier postura. Hacerla desaparecer por llegar justo a su punto de inicio, buscar su alternativo/opuesto, hasta terminar por acabar con su punto de justificación. Hasta eliminarla por revertir su propio sentido. Dialéctica sin superación pero que mantiene sus tres instancias, ¡infinitas ellas! Caer de extremista es justificar todo al punto de no poder juzgar nada. El lugar por excelencia de los solitarios. De los observadores, que siempre son solitarios. El lugar de los que no tienen lugar justamente porque no se indignan contra nada, porque entienden que cada persona es una forma particular de configuración, que nada tiene que ver con la voluntad de ser de esa unión de circunstancias que es, el que cae de extremista y todo los otros. Caemos de extremistas por entender que nadie debería responder por lo que es, porque nadie controló nunca ese encuentro particular de circunstancias que lo hizo ser (¿Así?). Y por serle justos al lugar de extremistas creemos también que la voluntad y la personalidad y hasta los gustos, son también resultado de ese particular encuentro de estructuras, en un particular momento de genes y condiciones de gestación. Quitamos todo tipo de mérito de la persona sobre lo que es o puede llegar a ser, todos son meros resultados (de mariposas que andan aleteando al otro lado del mundo). Y entonces, nadie tiene la culpa, nadie es responsable de lo que es ni de lo que hace. Caer de extremista es caer al vacío de la no pertenencia (también creemos que el hombre solo juzga porque necesita pertenecer, al mismo grupo de los que juzgan igual y a lo mismo que él). La persona no es responsable de lo que es ni en el momento de su nacimiento ni durante todo su proceso vital, cada decisión que toma está configurada en su totalidad por circunstancias fortuitas que lo indujeron a eso. Y si existe sí un aporte “genuino” no es más que desde una estructura mental y física que es y responde a una configuración fortuita que es él mismo. Todo está maravillosamente justificado y todos somos a la vez desde nuestra ubicación, parte de configuraciones aleatorias que se están generando continuamente para condicionar y estructurar otras formas de ser y actuar; a otras personas. No hay sentido. No hay hilo conductor. No hay un yo real que yo haya construido desde mi voluntad (que tampoco es genuina), no existe como tal. Si trabajo sobre mi propia persona, esa actitud hacia mí, la decisión y la forma que toma, responde a un encuentro concreto y particular de circunstancias, energías y líneas temporales/espaciales, a una configuración única que es mi movimiento en ese sentido. Sumado a que mi yo sobre el que trabajo también es una configuración igual de contingente. Que es así como podría haber sido asá. Esto de caer de extremista no es algo que se elige (no existe la elección como tal), es más bien una perspectiva innata en ciertas personas. Innata por la forma concreta de encuentro de circunstancias. Me pasa. Y me sorprende lo extremista que soy como configuración, pero no puedo salirme de eso. Es una forma de ver, de sentir, de opinar, de actuar. Y en cada movimiento: caer de extremista (en imagen visual, caer circularmente), llegar al punto de desprendimiento total de sentido y anular la idea inicial. El que cae de extremista se maneja mejor en el espacio abstracto.


Todo descansa en un eterno preguntarse sobre los infinitos "hubiera sido" de si una mariposa moría un segundo antes y daba un aletazo menos.

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