Podrían haber sido 3, 5 o 9, horas de película, tampoco nos
hubiéramos tocado. Vos inquieto de tan
pocos muebles que había, yo perdida desde el vamos y desde todo lo que
necesitaba ser para poder interesarte. Siempre desde el hombro, siguiendo la
respiración, eligiendo que me podías estar diciendo con eso, pero igualmente
vos perteneciste ya a Max y Mery desde que habías abandonado tu preocupación
por los comentarios hábiles sobre mis libros o los cuadros, y por exclamar cada
vez rarezas que te dedicabas a encontrar. Soñé con tu amiga cuando te fuiste. Esa
que nombras siempre y que también admiro tanto desde esta torpeza con la que
miro todo tu mundo. Juez por solo mirarme y dejarme desnudo. Y de ahí de nuevo yo
enamorándome de un enfermo intelectual que todavía no encontró eso que busca y
yo ofreciendo a medias una forma más astuta de maga, también juez por mi
carrera en plena calle, un poco menos poética y un poco los dos menos
dramáticos. Tanto como se puede ser en una ciudad sin Sena, sin agua donde
puedan quedar los recuerdos grises y cerrando los ojos. Julia. Como te estarás
entonces, qué te habrás soñado de tanto querer irte para poder procesar
tranquilo tanto mundo mostrado con un par de paredes escritas. Por todo lo que
no te dije, de tanta cosa que te tengo todavía que no entiendo cómo puedo estar
calentándote. Si hasta pareciera que tenerte me salva. Que desde que te vas
estoy metida en la próxima vez de tanto no poder disfrutarme estando con vos de
tanto mirar al frente.