miércoles, 5 de diciembre de 2012

volar azotándose




ME MOLESTAN LOS BICHOS QUE VUELAN PERO QUE NO PUEDEN DEFINIR SU DIRECCION Y SE CHOCAN CON LAS PAREDES. ME DESESPERA.


Un cascarudo queriendo volver a la posición en la que puede caminar y de la que puede vivir. Un cascarudo que voló, feo, y cayó justo pobre de espaldas. Y ahora mientras yo escribo gasta su tiempo en mover las patas, quiere darse vuelta. Se le nota. Pero lo intenta con la única lógica de moverse para todos lados al mismo tiempo con lo único que puede mover que son las patas. Deberían tener resortes en sus.. PUDO!! Ahora está como con resaca. Nervios de no poder matarlo nomas del ruido que haría de haber nacido tan duro y tan poco práctico. Ahora lucha por su vida de nuevo. Hay también otro, que no escribiría cómo se ve por no serle injusta. Es muy delicado su movimiento, se esta muriendo, pero sigue sin saber adónde ir y eso lo hace ser una imagen triste, tengo olor a vomito. Cuántos bichos se mueren dados vuelta cada noche a la luz de cada fluorescente en cada estación de servicio mientras uno duerme sin más que con la preocupación de alguna especie de panda que seguro existe en tierras remotas y que seguro no puede tener más hijos y que entonces es una cuestión social porque sería algo así como que la humanidad lo puso de espaldas y el bicho está pataleando sin saberlo, entonces colaboramos con Greenpeace. Todo porque los escarabajos son feos y duros y vuelan sin dirección y por eso los dejan morir fácil, porque son muchos, en cada estación de servicio, cada noche. La energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma. La gente silenciosa da miedo, a veces.  

jueves, 22 de noviembre de 2012

cita de enfriados 2


Podrían haber sido 3, 5 o 9, horas de película, tampoco nos hubiéramos tocado.  Vos inquieto de tan pocos muebles que había, yo perdida desde el vamos y desde todo lo que necesitaba ser para poder interesarte. Siempre desde el hombro, siguiendo la respiración, eligiendo que me podías estar diciendo con eso, pero igualmente vos perteneciste ya a Max y Mery desde que habías abandonado tu preocupación por los comentarios hábiles sobre mis libros o los cuadros, y por exclamar cada vez rarezas que te dedicabas a encontrar. Soñé con tu amiga cuando te fuiste. Esa que nombras siempre y que también admiro tanto desde esta torpeza con la que miro todo tu mundo. Juez por solo mirarme y dejarme desnudo. Y de ahí de nuevo yo enamorándome de un enfermo intelectual que todavía no encontró eso que busca y yo ofreciendo a medias una forma más astuta de maga, también juez por mi carrera en plena calle, un poco menos poética y un poco los dos menos dramáticos. Tanto como se puede ser en una ciudad sin Sena, sin agua donde puedan quedar los recuerdos grises y cerrando los ojos. Julia. Como te estarás entonces, qué te habrás soñado de tanto querer irte para poder procesar tranquilo tanto mundo mostrado con un par de paredes escritas. Por todo lo que no te dije, de tanta cosa que te tengo todavía que no entiendo cómo puedo estar calentándote. Si hasta pareciera que tenerte me salva. Que desde que te vas estoy metida en la próxima vez de tanto no poder disfrutarme estando con vos de tanto  mirar al frente.  

jueves, 6 de septiembre de 2012

eldíadamiedo



Pienso en este viento de fin del mundo que entra por la ventana  y pienso en el sueño de hoy vos tan besándome sin razones. La planta se defiende bien, debería correrla un poco al costado al reparo del vidrio, pero es tan figurativo de una lucha contra la muerte que da placer. El sueño y levantarme como suspendida pensando que lo hacías tan delante de todos que hasta a mí se me hacía empecinadamente exagerado. Querías que quede claro y yo lo disfrutaba. Todavía no entramos en el equilibrio, sigo siendo eso que tenés que proteger de tantas fuerzas que quieren arrancarme, sigo siendo hasta los brazos por la cintura y mirada desde arriba que soy tan hermosa. Seguís siendo allá con tus tiempos, sigo mirándote con ese ojo tan encantado de final de sueño que te hace tan inmutable, ahí para mí aunque nunca del todo. Este viento por la ventana después del atardecer perturba de tan poético. Da asco estar escribiendo para vos. Da celos. Da. No puedo, no pasa, pensé que si escribía un rato se iba. Este viento verdaderamente me produce una sensación de muerte tan atemporal que ya no puedo leer, no lo disfrutaría. Y son tan fugaces mis deseos que por ejemplo ahora pienso que estaría pensando en vos y escupiendo atrocidades sensibles y excitadas hasta que el viento pare de entrar con ese ímpetu o por fin llueva o me muera o me llame maqui o pase cualquier cosa que me detenga en este trance tan sobreactuado. Si ni siquiera puedo concretar tu imagen con mi mente, pienso en tu vos mío, pienso en tus manos cómo se movían cuando estabas en el medio de la ronda y te hacían hacer reír. Tus manos tan consientes. Y este recuerdo que es a su vez tan melancólico también por efecto del viento; Nunca debería haber abierto la ventana. Si me encontraras ahora desde cualquier forma, te respondería tan tuya que me daría bronca no haberla cerrado. Asco. Asco. Asco.  Con las tantas cosas que yo podría hacer si estuviera por morir, y estar tan paralizada convocándote, a vos que sos tan poco como una mano en mi pierna y mis ocho meses sin producir hormonas. Igual tampoco lo entenderías. 

martes, 4 de septiembre de 2012

Cuando el aburrimiento es productivo


...Y entonces, siguiendo, enarbolemos ese momento, toquemos fondo primero antes de empezar a crear sobre la propia reacción. Busquemos decosntruir desde todo hasta quedar en la nada misma. No nos atemos, y cuando creemos, hagámoslo desde la propia aberración de no responder por nadie. Ni por uno mismo, que también está infectado de estructura. El caos es el único lugar de creación genuina. El caos no se piensa, se genera. 

miércoles, 1 de agosto de 2012



Pero sea alegre o triste el semblante que asumamos, al adoptarlo y asumirlo definimos nuestro humor prevaleciente. De aquí en adelante, mientras continuemos bajo el hechizo de este autoconocimiento, no solo vivimos sino actuamos; componemos y representamos el personaje que hemos elegido, calzamos el coturno de la deliberación, defendemos e idealizamos nuestras pasiones, nos estimulamos elocuentemente a ser lo que somos, devotos o desdeñosos o descuidados o austeros; hablamos a solas (ante una audiencia imaginaria) y nos envolvemos graciosamente en el manto de nuestra parte inalienable. Así vestidos, solicitamos el aplauso y esperamos morir en medio de un silencio universal. Declaramos vivir de acuerdo con los elevados sentimientos que hemos manifestado, así como tratamos de vivir de acurdo con la religión que profesamos. Cuanto mayores las dificultades, mayor es nuestro celo. Pero debajo de nuestros principios declarados y nuestra palabra empeñada debemos esconder asiduamente todas las desigualdades de nuestro humor y nuestra conducta, y esto sin hipocresía, ya que nuestro carácter elegido es más verdaderamente nuestro que el flujo de nuestros sueños involuntarios. El retrato que pintamos de este modo y exhibimos como nuestra verdadera persona puede estar hecho según el gran estilo, con columnas y cortinados y paisajes distantes y señalando con el dedo un globo terrestre o una filosófica calavera de Yorick; pero si este estilo es innato y nuestro arte vital, cuanto más transmute a su modelo, más profundo y verdadero será el arte. El busto severo de una escultura arcaica, que apenas humaniza el bloque de piedra, será más justa expresión de un espíritu que el aspecto embotado que tiene el hombre por la mañana o sus muecas casuales. Todo aquel que esté seguro de su inteligencia, u orgulloso de su cargo, o ansioso por su deber, asume una máscara trágica. Se delega en ella y a ella transfiere casi toda su vanidad. Si bien está vivo y sometido, como todo lo existente, al flujo debilitante de su propia sustancia, ha cristalizado su espíritu en una idea, y más con orgullo que con dolor a ofrendado su vida en el altar de las musas. El autoconocimiento, como cualquiera arte o ciencia, vierte su materia a un nuevo medio, el medio de las ideas, en el cual pierde sus viejas dimensiones y su antiguo lugar. Nuestros hábitos animales son transmutados por la conciencia en lealtades y deberes, y nos volvemos "personas" o máscaras.
   Georges Santayana, Soliloquies in England and Later Soliloquies, Nueva York: Scribner’s, 1922, págs. 133-134.

viernes, 29 de junio de 2012

Buscando caídos

Caer de extremista es darle la vuelta al círculo de la idea. Cualquier imagen, cualquier postura. Hacerla desaparecer por llegar justo a su punto de inicio, buscar su alternativo/opuesto, hasta terminar por acabar con su punto de justificación. Hasta eliminarla por revertir su propio sentido. Dialéctica sin superación pero que mantiene sus tres instancias, ¡infinitas ellas! Caer de extremista es justificar todo al punto de no poder juzgar nada. El lugar por excelencia de los solitarios. De los observadores, que siempre son solitarios. El lugar de los que no tienen lugar justamente porque no se indignan contra nada, porque entienden que cada persona es una forma particular de configuración, que nada tiene que ver con la voluntad de ser de esa unión de circunstancias que es, el que cae de extremista y todo los otros. Caemos de extremistas por entender que nadie debería responder por lo que es, porque nadie controló nunca ese encuentro particular de circunstancias que lo hizo ser (¿Así?). Y por serle justos al lugar de extremistas creemos también que la voluntad y la personalidad y hasta los gustos, son también resultado de ese particular encuentro de estructuras, en un particular momento de genes y condiciones de gestación. Quitamos todo tipo de mérito de la persona sobre lo que es o puede llegar a ser, todos son meros resultados (de mariposas que andan aleteando al otro lado del mundo). Y entonces, nadie tiene la culpa, nadie es responsable de lo que es ni de lo que hace. Caer de extremista es caer al vacío de la no pertenencia (también creemos que el hombre solo juzga porque necesita pertenecer, al mismo grupo de los que juzgan igual y a lo mismo que él). La persona no es responsable de lo que es ni en el momento de su nacimiento ni durante todo su proceso vital, cada decisión que toma está configurada en su totalidad por circunstancias fortuitas que lo indujeron a eso. Y si existe sí un aporte “genuino” no es más que desde una estructura mental y física que es y responde a una configuración fortuita que es él mismo. Todo está maravillosamente justificado y todos somos a la vez desde nuestra ubicación, parte de configuraciones aleatorias que se están generando continuamente para condicionar y estructurar otras formas de ser y actuar; a otras personas. No hay sentido. No hay hilo conductor. No hay un yo real que yo haya construido desde mi voluntad (que tampoco es genuina), no existe como tal. Si trabajo sobre mi propia persona, esa actitud hacia mí, la decisión y la forma que toma, responde a un encuentro concreto y particular de circunstancias, energías y líneas temporales/espaciales, a una configuración única que es mi movimiento en ese sentido. Sumado a que mi yo sobre el que trabajo también es una configuración igual de contingente. Que es así como podría haber sido asá. Esto de caer de extremista no es algo que se elige (no existe la elección como tal), es más bien una perspectiva innata en ciertas personas. Innata por la forma concreta de encuentro de circunstancias. Me pasa. Y me sorprende lo extremista que soy como configuración, pero no puedo salirme de eso. Es una forma de ver, de sentir, de opinar, de actuar. Y en cada movimiento: caer de extremista (en imagen visual, caer circularmente), llegar al punto de desprendimiento total de sentido y anular la idea inicial. El que cae de extremista se maneja mejor en el espacio abstracto.


Todo descansa en un eterno preguntarse sobre los infinitos "hubiera sido" de si una mariposa moría un segundo antes y daba un aletazo menos.